Reportaje: Final de la Champions 2010

Para mí, que vivo en Madrid y soy aficionado del Real Madrid, ver a mi equipo llegar a la final hubiese sido toda una alegría, más aún teniendo en cuenta que se celebraba en nuestro estadio. Sin embargo, en el mundo del fútbol cuanto mayores son las expectativas, más dura es la caída. Tanta ilusión por un nuevo proyecto en el Real Madrid y nos encontramos más de lo mismo, muchos millones, muchas ilusiones, pero poco equipo. Esta canción ya nos suena de anteriores ocasiones, aunque este año hayamos hecho una gran temporada.

Sin embargo, seas o no aficionado al fútbol, que la final de la Champions se juegue en tu ciudad es un gran motivo para sacar la cámara de paseo e intentar recoger el ambiente festivo que se vivió por la zona antes del encuentro.

El viernes por la tarde los bares de los alrededores del estadio fueron llenándose poco a poco de italianos y alemanes ataviados cada uno con sus colores. El tiempo acompañó todo el fin de semana. Esa misma tarde me dí el primer paseo por el estadio, en el que se podían ver más personas del mundillo informativo que aficionados. Todas las cadenas de televisión, todos los medios escritos, bloggers, fotógrafos, etc. Y no solamente medios europeos, cadenas de todo el mundo informando de uno de los espectáculos deportivos más importantes del año.

De todas formas, como se puede ver en las dos imágenes, la verdad es que algunos medios se gastaron lo justo y necesario para cubrir el evento, a unos porque les faltaba hasta la silla, y a otros porque aunque la tuviesen, tenían que reservarla por si se la quitaba el de la BBC, muy curioso.

Por suerte o por desgracia, la tarde de la final decidí ver el ambiente por el lado Nerazurri, quizás pensando que el ambiente italiano sería más intenso que el alemán. También es cierto que el sistema desplegado por la organización y el ayuntamiento para controlar el evento era una especie de ratonera de la que difícilmente podías escapar. Los alrededores fueron blindados, por lo que cruzar de un lado a otro del estadio te obligaba a recorrer el Paseo de la Castellana o darte una vuelta de 45 minutos.

El día del partido nos acercamos un par de horas antes del comienzo. Había miles de autobuses por todas partes. En cada esquina, docenas de camisetas y bufandas azules y negras andaban en la misma dirección. Viéndoles las caras a la mayoría uno dudaba si realmente habían venido por la emoción y el ambientazo o para sufrir la tensión de una gran final europea. Sea como sea, fue un acierto camuflarnos entre los tifossis. Como suele suceder en estas ocasiones, los más jóvenes fueron los que más llamaban la atención. Un par de litros de cerveza, media docena de amigos y 1500km de distancia de casa le hacen a cualquiera sacar lo mejor de uno mismo…

Pero lo más sorprendente es que al fútbol ya no sólo acude el sector masculino. Una parte importante de los asistentes eras mujeres y chicas, con la misma predisposición, los mismos saltos, las mismas camisetas y habiéndose tragado el mismo viaje para llegar a ver toda una final de Champions, que de por sí no es sencillo.

Pero si me tengo que quedar con dos momentos, sin duda la elección es sencilla.

Por un lado, un sorprendente adolescente italiano, completamente solo, que guardaba su entrada como Frodo hacía con su anillo. Miraba a todas partes, pero no avanzaba. Dudaba si entrar o no, era pronto. Cada 30 segundos abría su pequeña mochila, cogía su entrada y la comprobaba, quién sabe, quizás por no creerse todavía que estaba a escasos momentos de ver a su equipo alzarse con un triplete histórico.

Pero el segundo momento, dedicado a los y las amantes del riesgo. A escasos dos metros, varios reventas buscaban compradores con paciencia, sin prisa, levantando un resguardo que les hacía valedores de un negocio chupado. Y es que, una tras otra varias personas fueron pasando haciendo la misma pregunta: -¿Cuánto? -600. -¿Por las dos? – Cada una! (Incluso alguno se lo pensaba, creo que a la gente se le va la cabeza…)

Desconozco si esas dos alemanas de la foto acabaron comprándolas o no, pero lo que está claro es que 10 minutos más tarde, justo antes de comenzar el partido, los reventas habían desaparecido. Incluso al poco de comenzar el partido, varias personas corrían como pollos sin cabeza por los alrededores con carteles hechos de cartón que rezaban “Compro entradas!” Una apuesta arriesgada por la que muchos se quedaron a las puertas del estadio sin ver el partido en directo habiendo pagado cientos de euros de viaje. No todo el que se arriesga gana…

Aunque, después de todo, está claro que gane o pierda tu equipo, o aunque no sigas a ninguno de los dos finalistas, en un evento así puedes quedarte con el recuerdo de una ciudad tan única como Madrid y con la instantánea de uno de los grandes estadios europeos.

Mayo 2010.

Reportaje: Final de la Champions 2010CarlosLN
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